LA TRINCHERA EDUCATIVA

En la sociedad posmoderna actual, la enseñanza de disciplinas fundamentales para entender el mundo que nos rodea se ha convertido en una labor hercúlea para quienes, desde la más profunda pasión por transmitir la sabiduría de nuestros antepasados, somos testigos de la degeneración cultural de las nuevas generaciones ligadas al concepto de aldea global. La figura del maestro, contemplada desde tiempos prehistóricos como un ejemplo de autoridad y pilar intelectual a quien recurrir en tiempos de incertidumbre, ha sido degradada a un mero actor burocrático que emplea más horas frente a la pantalla de un ordenador que preparando las clases magistrales que, durante siglos, han logrado que sus alumnos se enamorasen de la Historia, del Arte, de la Literatura, de la Geografía, de la Filosofía y de otras muchas disciplinas que han agitado mentes necesitadas siempre de revolución ilustrada. La nueva educación moderna que, con su pomposidad pedagógica cargada de pedantería, disfraza la realidad de las aulas (aumento de la conflictividad, falta de integración del alumnado, excesiva burocracia, pérdida de la autoridad docente, o ratios que impiden un aprendizaje efectivo, entre otros muchos problemas), han condenado a nuevas generaciones de alumnos que querían “comerse el mundo” a ser devorados por una maquinaria minuciosamente planificada para formar esclavos del sistema, con reglas basadas en la satisfacción inmediata de una necesidad adulterada por los grandes lobbies, en la importancia de la imagen en redes sociales, en el enaltecimiento de la ignorancia, en la adulación a dioses de barro y en el hostigamiento a quienes deciden formarse cultural, espiritual y académicamente para observar, analizar y cuestionar.


 

Hemos sido testigos de cómo la casta política, sin pundonor ni decoro, ha utilizado la notable diversidad cultural y lingüística de España como arma arrojadiza contra aquel que reflexiona de forma diferente, con el objetivo de abrir una brecha social que atenta contra la identidad de los pueblos que dotan de un valor incalculable a una nación que puede presumir de una cultura gloriosa, pero que está siendo gradualmente sustituida por un nihilismo posmoderno desleal e indigno para los ciudadanos que han construido este país derramando sangre, sudor y lágrimas. La Educación no escapa a las pezuñas de los puercos que, convencidos de su distorsionada realidad, creen hacer un favor a la sociedad manipulando constantemente las leyes educativas desde sus cómodos despachos (con aires acondicionados y sin problemas de espacio), ignorando la guerra de trinchera que libran diariamente docentes y estudiantes.

Esta unión de factores tiene un resultado demoledor. Parece inconcebible que un profesor, a día de hoy, requiera del alumnado saberes básicos como conocer el relieve peninsular, entender el concepto de romanización, sintetizar un capítulo de El Quijote, analizar un cuadro de Goya o, simplemente, leer, escribir y expresarse correctamente. Las nuevas metodologías pedagógicas, cuya autoría recae en trileros disfrazados de "gurús" educativos, fracasan al encontrarse la cruda realidad del alumno, criado en un entorno donde aprender se sitúa en un segundo plano, donde la desmotivación y la distracción de numerosos factores externos ejerce como un poderoso muro que separa al alumno del profesor. Romper ese muro es hacer creer al alumno que lo que aprende tiene una utilidad en el futuro, pero el sistema se encarga de lo contrario, de agrandar el muro hasta que el aislamiento cultural del adolescente provoque que su única salida sea la de ser uno más del engranaje.

Todo es terroríficamente perfecto. Quieren familias menos implicadas en el aprendizaje de sus hijos porque (y con razón) sus desvelos se encaminan más a llegar a fin de mes. Quieren una administración implacable con innumerables trámites burocráticos, pero indiferente a los problemas educativos reales. Quieren unos docentes constantemente maltratados y cuestionados que sustituyan libros por ansiolíticos. Quieren alumnos conflictivos, iletrados y abatidos, cuya única meta sea trabajar y consumir sin objetar. Quieren enfangar las aulas enfrentando a todos los implicados en el mundo educativo, porque ya sabemos que a los puercos les encanta revolcarse electoralmente en el estiércol. Quieren destruir nuestra cultura y sustituirla por un nuevo orden más acorde a sus intereses, y la Educación es el primer paso. Los que, aunque con todos los muros, seguimos enseñando como lo hicieron nuestros antepasados, continuamos en la trinchera. Mientras haya alumnos que aprendan y despierten, las heridas de las balas cicatrizarán rápido para volver al combate.

A todos los responsables del desastre educativo, les recordaré:

Roma traditoribus non praemiat


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La Catedral Primada de Santa María de Toledo cumple ochocientos años. Emplazada en la urbs regia , el edificio constituye una de las joyas...