La Catedral Primada de Santa María de Toledo cumple ochocientos años. Emplazada en la urbs regia, el edificio constituye una de las joyas arquitectónicas y artísticas más importantes del patrimonio español y europeo. La catedral, testigo de los célebres Concilios de Toledo, fue sede arzobispal de la Hispania visigoda, convirtiéndose en uno de los enclaves espirituales más importantes de la Cristiandad europea. Durante ocho siglos, la catedral ha ido experimentando cambios constructivos resultado del proceso histórico soportado por la capital imperial, un peso que ha contribuido a que Toledo, encuentro de las tres culturas mediterráneas medievales, albergase una obra maestra única del gótico hispánico. Ochocientos años después, las piedras que edificaron el mayor símbolo religioso de Toledo siguen siendo un atractivo turístico de enorme importancia para la región. El edificio habla de nuestro pasado, fundamental para conocer mejor la base histórica que cimenta la cultura de nuestra antigua tierra castellana. Es primordial recuperar esa curiosidad por escuchar a nuestro patrimonio legendario, pues de ahí parte la diferencia entre una sociedad culturalmente próspera y con una identidad sólida, y un pueblo a la deriva, sin alma y objeto de las más purulentas manipulaciones culturales.
La antigua Toletum romana unió su destino al de la historia española en el año 554 d.C., año en el que el rey visigodo Atanagildo la convirtió en su sede política, iniciándose la construcción de la basílica de Santa María, de inspiración visigoda y paleocristiana. Durante la conquista musulmana de la Península ibérica en el año 711, las estructuras religiosas de Toledo fueron respetadas tras la firma de los pactos de capitulación, pero a finales del siglo VIII, la basílica fue transformada en mezquita mayor.
En el año 1085, Alfonso VI (1040 – 1109) recuperó Toledo y lo que suponía la ciudad, uno de los mayores símbolos del Cristianismo peninsular. En 1226, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada (1170 – 1247), con el beneplácito del rey Fernando III el Santo (1201 – 1252) inició la construcción de la catedral sobre los cimientos de la basílica visigoda y la mezquita mayor. Su construcción fue encomendada al maestro Martín, que había sido instruido por la escuela constructiva del norte de Francia. Durante sus dos siglos de construcción, la catedral tuvo varios maestros constructores, desde el propio Martín hasta Pedro Pérez, que edificó la girola doble, o Hanequín de Bruselas, responsable de la importación de elementos procedentes del gótico flamígero en la Puerta de los Leones y en la Capilla de Santiago.
La catedral cuenta con una planta basilical de cinco naves, con un crucero discreto y una doble girola, permitiendo una sensación de amplitud en la cabecera y la correcta circulación de fieles alrededor del presbiterio. Destaca la construcción de capillas radiales inspiradas en el gótico francés que permiten una implantación de elementos artísticos con función religiosa de gran belleza. La catedral no cumple con los estándares del gótico clásico francés, pues las anchas naves laterales albergan pilares de escasa elevación que dotan a parte de la catedral de la horizontalidad característica del gótico castellano, con una arquitectura más compacta, sombría y solemne.
Destaca especialmente el Transparente (1729 – 1732), obra barroca del escultor Narciso Tomé (1690 – 1742). Se trata de un óculo abierto en la bóveda que permite la entrada de luz en el altar mayor e iluminar el sagrario, creando un efecto místico de gran majestuosidad en la catedral.
También destacan las ricas portadas iconográficas y doctrinales típicas del gótico, recreando escenas de salvación, condena, juicio final o mediación divina, como por ejemplo, la Puerta del Perdón, la Puerta del Juicio Final o la Puerta del Infierno.
En el Coro, situado en la nave central, el programa iconográfico cambia a la conquista de Granada, dando a entender que la catedral no solo representa la fe cristiana, sino el poder del Cristianismo sobre Castilla.
La torre de la catedral, de plana cuadrada y con 92 metros de altura, destaca por su inconfundible silueta. Cabe señalar la decoración en la parte superior octogonal con azulejería vidriada de Manises (Valencia), destacando sobre el conjunto de granito y caliza. También la presencia de la Campana Gorda, fundida en 1753 con tres metros de diámetro y más de 17 toneladas de peso, una de las mayores de España.
La Catedral de Toledo posee una de las colecciones de arte sacro más importantes del mundo. Destacan obras maestras como El Expolio (1570) de El Greco (1541 – 1614), situada en el altar de la sacristía; el Apostolado de la Catedral de Toledo (1605 – 1610), también obras del pintor cretense y ubicado a lo largo de la sacristía; o el ya mencionado Transparente, obra cumbre del barroco español realizada por Narciso Tomé.
La Catedral de Toledo, santo y seña de la identidad cristiana europea, cumple ochocientos años reinando los cielos de la antigua capital imperial, guardando la esencia de lo que un día fuimos. Se torna esencial recuperar el significado de nuestro rico patrimonio, pues en su interior se halla lo que debemos ser. El éxito o deriva de una civilización es resultado de la devoción a sus raíces y cimientos, y la Catedral de Toledo forma parte de estos.
